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Ni dueños ni amos, simplemente amigos
A lo largo de la historia quienes han ejercido el poder económico, social o la superioridad física sobre otros se han sentido con el derecho a dominarlos, estableciendo relaciones desiguales y muchas veces injustas, en donde el “fuerte” o dominador es llamado Domine (= del lat. Señor o amo), y el dominado ha tenido un estatus de objeto, esclavo o sirviente.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el término “propietario”, como:
“el que tiene derecho de propiedad sobre algo, especialmente sobre bienes inmuebles”; y “dueño” lo define como: “que tiene dominio o señorío sobre alguien o algo. Amo de la casa, respecto de sus criados”. |
Afortunadamente este tipo de vocabulario ha sido desterrado en la mayoría de los países en donde se acepta que todos los humanos somos iguales. Hoy en día para referirse a la relación que el humano tiene con los animales domésticos, en los países sajones se está sustituyendo el antiguo apelativo de owner (=amo, señor) “el que domina a…”, por el de steward:1 “el que cuida de…”
Sólo así dejaremos de ver a los animales como esclavos u objetos. En castellano, steward podría traducirse como guardián, custodio 2,3,4 o tutor, que en lenguaje legal se refiere a aquél que representa o cuida de alguien con incapacidad natural o civil (como podrían ser los animales no humanos).
El Código Civil vigente en México establece en su artículo 450 las características de quienes pueden ser tutelados:
“I. Los menores de edad;
II. Los mayores de edad disminuidos o perturbados en su inteligencia, aunque tengan intervalos lúcidos; y aquellos que padezcan alguna afección originada por enfermedad o deficiencia persistente de carácter físico, psicológico o sensorial o por la adicción a sustancias tóxicas como el alcohol, los psicotrópicos o los estupefacientes… no puedan gobernarse y obligarse por sí mismos, o manifestar su voluntad por algún medio”. |
Los animales domésticos y silvestres en cautiverio cumplen con algunas de estas características, por lo que debido a su condición de seres vivos vulnerables, dotados de sensibilidad, capaces de sufrir y de relacionarse, no deben ser considerados como objetos de posesión, sino que deberían ser susceptibles de tutela.
A quien tiene animales bajo su custodia, también se le puede llamar el “responsable de…”, que significa: el que responde por alguien o por algo.
Y en el último de los casos puede usarse el término “cliente”,5 como se acepta en Norteamérica, en donde se utiliza incluso en la relación médico-paciente en medicina humana, ya que cliente es cualquier usuario que solicita un servicio y paga por él.
Así como se ha discutido acerca de cuál es la mejor manera de referirnos a los tutores de los animales de compañía, debemos esforzarnos por encontrar un nombre más apropiado para a los animales que están bajo nuestra custodia –en vez de pensar que están bajo nuestro dominio-. El término “mascota”, por su significado (persona, animal o cosa que sirve de talismán, que trae buena suerte), ha tratado de ser erradicado, pero aún no hay una mejor propuesta, que sea corta y a la vez haga justicia a nuestros compañeros o amigos que pertenecen a otras especies.
En la Facultad de Medicina Veterinaria (UNAM) algunos estudiantes propusieron que en vez de mascota podríamos llamarlos: “querami”, que es la contracción de querido amigo. La invitación está abierta para proponer una nueva manera de nombrarlos.
Referencias bibliográficas
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1. Seamer JH. Human stewardship and animal welfare. Appl Anim Behav Sci 59 1998. 201–205 |
2. Blood DC, Studdert VP, Gay CC. (2006).Saunders Comprehensive Veterinary Dictionary. 3rd Ed. Elsevier. |
3. Vanda B. (2007). Fundamentos éticos del trato a los animales. Tesis de Doctorado. Posgrado en Ciencias Médicas, Odontológicas y de la Salud, UNAM, México, D.F., 138 pp. |
4. Tannenbaum J. (1995). Veterinary Ethics. Animal welfare, client relations, competition and collegiality. 2nd ed., Mosby, St. Louis Missouri, 615 pp. |
5. Gillon R. (1994). Client-Health care worker relationships and health care ethics. En: Principles of health care ethics. John Wiley & Sons, Great Britain, 1118 pp. |
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